Estructura total en el sistema humano

El ser humano es un verdadero milagro, es como un arco iris, posee diferentes niveles de energía, de frecuencia, diferentes colores, niveles en su estructura. Ésta es su belleza. El ser humano tiene múltiples facetas, múltiples dimensiones. Su ser no es simple, sino de una gran complejidad. De esta complejidad puede surgir una hermosa armonía que llamaremos la melodía divina o la Realización.

Cuando el ser humano despierta a esa armonía, entonces vuelve a su estado natural, original el estado de Unidad; la percepción dividida, la separación, el sufrimiento se desvanecen.

En este momento sólo somos ruido, no hay música; pero en el ruido están presentes todas las notas musicales. Redistribuidas, distribuidas de una forma más armónica, más artística, el ruido se transformará en una hermosa melodía. Sólo es preciso realizar un examen estético de nuestro propio ser… hay un proceso que desarrollar.

El hombre es el puente entre lo animal y lo divino. Los animales son enormemente felices, pero inconscientes. Dios es enormemente feliz, y totalmente consciente. El hombre se sitúa exactamente entre los dos, en el limbo, vacilando entre ser o no ser.

La estructura global del ser humano es como una escalera, cuando naces se te dan los primeros escalones, pero los que siguen los tienes que desarrollar tú. Depende de tu toma de Consciencia que sigas desarrollando lo que hace como potencial, depende de ti que lo realices. Cuando más hayas realizado en ti más podrás acompañar en el desarrollo al paciente, al otro. Si no has sanado, si no te has realizado no puedes ayudar al otro a sanar.

Estos escalones son:

  1. El cuerpo físico – (Tierra)
  2. El cuerpo etérico o energético – (Agua)
  3. El cuerpo de emociones o Astral – (Fuego)
  4. El cuerpo de los pensamientos o Mente – (Aire)

Con esto nacemos todos. Es lo que se nos da por defecto. No tenemos que hacer nada para desarrollar estos cuerpos, pero hay más, los hay en potencia, hay que trabajarlos para que se prendan, para que brillen.

El ser humano puede convertirse en un arco iris. El arco iris tiene siete colores, el ser humano tiene siete centros en su ser, siete escalones a la realización, siete planos de existencia.

La alegoría del siete es muy antigua: en la Antigüedad el número 7 se utilizó con frecuencia como símbolo de consumación, plenitud y perfección (espiritual). En muchas culturas se consideraba un número sagrado, y así, aún hoy día encontramos el número 7 en numerosos escritos religiosos, en mitos y en cuentos. También son siete los colores del arco iris, siete las notas musicales, y siete son los días que Dios tardó en crear el mundo según la teología cristiana. También nuestras semanas transcurren en un ritmo de septenas. Éste es el menor ritmo cíclico fundamental de nuestra existencia.

Muchos humanos, la mayoría, viven únicamente manejando los primeros cuatro niveles. Así llegan al final de su vida. Sin haber nacido verdaderamente.

¿Cuáles son los escalones que faltan construir?

  1. El puente al Ser o Vibración (Éter)
  2. El Ser
  3. El No Ser

La vida real, la vida con todos sus atributos empieza cuando al final del 4to escalón encontramos una salida al callejón de la mente.

La mente es un callejón sin salida. Aunque muy útil para trabajar, aprender, ordenar o comunicar, es un obstáculo al desarrollo de la Consciencia. ¿Por qué? Pues, porque la mente no puede estar en el momento presente, no es su naturaleza, y no solo eso, la mente crea, desde su percepción a un ser que es muy peligroso: el Ego, que nos mantiene fuera de la realidad, en una situación de lucha y sufrimiento.

Cuando abrimos el corazón entramos a la vida y nos encontramos frente al puente al Ser.

El Ser es el aspecto divino en el humano. El Ser es la fuente, es fuente de gozo, de plenitud y de dicha. Porque el ser es Sat-Chit-Ananda, el Ser es Verdad – Conciencia – Dicha o felicidad.

Experimentar la dulzura y la dicha del Ser, abrir el corazón, es algo que se da por tres posibles vías:

  1. Como regalo – es la vía del Bendecido
  2. Como aceptación a un sufrimiento muy profundo – es la vía del Conflicto
  3. Como resultado de una práctica espiritual – Por la vía del Devoto

Cuando un ser humano entra a vivir la experiencia del Ser, eso es tan rompedor, para alguien que ha estado en la cárcel de la mente, que seguramente buscará y buscará repetir este singular estado. De ahí que entre en una religión, en una vía espiritual o en algún sistema donde pueda revivir esa experiencia.

Si consigue encontrar la manera de repetir esa experiencia, el humano se enamorará de eso, le dará un gran valor, incluso puede que se despegue de su quehacer y sus obligaciones tratando de mantenerse en esa experiencia tan placentera. Se habrá convertido en un místico. Muchos místicos, si no están bien orientados, relativizan la realidad mundana, eso es otro error.

Tardará en comprender que eso no es el final del camino, maravillado y vuelto adicto a la experiencia divina pensará que es alguien grande, que ha encontrado un gran tesoro, pero en realidad, se pierde una parte de la existencia, en realidad es solo un ser humano que acaba de nacer a la vida y ha encontrado el reflejo de su verdadera identidad, de su verdadera esencia.

Por lo tanto, tiene que ser bendecido una y otra vez, como el hierro que es metido al fuego y golpeado una y otra vez hasta ser templado en una hermosa espada, el místico es nutrido una y otra vez por el reflejo de la luz del Ser, tiene que ser iluminado una y otra vez para convertirse en el Ser. Aunque nunca se convierte en el Ser, realmente.

A medida que eso va sucediendo, se irá convertido en una persona con sentido, una persona más consciente, más amorosa, más plena. Muchos místicos, sacerdotes y caminantes de la Consciencia se quedan o acercan aquí.

Pero eso no es el último paso.

Hay algo que está más allá de esa experiencia plena del Ser y es el No-Ser.

El No-Ser va más allá, y es el último paso. Después del No-Ser ya no hay nada. Pero se requiere mucho tiempo para encajar bien el No-Ser.

El No-Ser es una actitud ante la vida. El No-Ser es un estado máximo al que puede aspirar el ser humano, pero no es algo lejano, es algo muy cercano, porque implica aceptar, precisamente, la realidad que como humanos nos ha tocado vivir. Es un estado de atención plena ante lo que hay. Y lo que hay son vacíos y plenitudes que se van alternando.

La realidad que nos ha tocado ser, con todas las limitaciones que supone ser un humano, pero viviendo todo desde la aceptación y la rendición.

No hay amor más grande que amar lo miserable de uno mismo. “Lo feo que hay en mi”, desde una aceptación sin juicio. Es como sentarte al lado de un amigo feo y acompañarlo en su camino. Pero no es una resignación ni una renuncia, no, es una actitud de abrazar lo que hay con total entrega, es encarnar la humildad de reconocer que uno es todo. Es comer el chocolate, pero el pan también. Abrazar la luz y la oscuridad por igual.

Cuando uno ha alcanzado el No-Ser hay taaaaanto que hacer, aún, pero se va dando solo, viviendo. Hay que disolver al personaje aceptando todas sus caras y aristas, momento a momento, según la vida lo vaya trayendo. Es hermoso.

Y dónde más nos encontramos nuestros rincones sucios es en la relación de pareja. Por eso la pareja, aunque se la pasa a tu lado, es la última persona que se entera que te has realizado, porque le toca ver las cloacas de tu alma. Es inevitable.

Pero que bello camino, llegado a ese punto tú eres gratitud palpitante de haber sido bendecido con tanta belleza y perfección.

Y aunque todo se nos ha dado, también eres el resultado de tu propio rezo, el personaje chiquito y limitado que soy pidió ser la grandeza del Ser que ya era, pidió su merecida herencia y le fue dada.

¡Dios es grande!

 

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