Siempre me ha parecido apasionante el mundo de las relaciones humanas, a rato tan difíciles, a ratos tan gratificantes y nutritivas.

Amores, amistades, relaciones familiares: con los padres, con los hermanos o abuelos…

Gracias a las nuevas herramientas de lectura del árbol (Anne Ancelin Shutzenberger o Salomon Sellam) podemos ver y comprender el árbol desde otro lugar…y entonces aparecen nuevas lecturas sorprendentes.

Pero hay algo que me ha tocado en lo más profundo. Viendo arboles en consulta, una y otra vez: los amores «difíciles».

Este tipo de relación que se establece desde una fuerza inconsciente de carácter incestuoso, a raíz de una relación que uno vivió en la infancia. La mitad de las veces con mamá o con papá, pero también con alguno de los abuelos, o tíos, o nanas, o hermanos mayores.

Desde que nacemos hasta que tenemos 7 años de todas las personas con las que nos relacionamos siempre hay alguien con quién sentimos que nos quiso más, que nos quiso de otra manera, con quién nos sentimos afectivamente conectados. Esa persona se convierte en un amor preferido y el inconsciente, que no se pierde una, registra diferentes aspectos: el timbre de su voz, sus ojos, la forma de sus manos, el color de su pelo… Y los asocia a amor. En muchos casos, buscará a la persona que reúna estos mismos atributos que se registraron juntos.

De repente, veinte, treinta años después, en algún lugar, en el momento menos pensado, de entre los miles de personas con las que nos vamos relacionando, aparece alguien que despierta todos los sensores del enamoramiento, uno reconoce algo que activa como una alarma de fuegos artificiales, el inconsciente confunde esa persona con la persona de la infancia, y revive el amor que esa persona nos dio, experimentando un intenso y profundo amor repentino, como un enamoramiento desmedido, un amor eléctrico como si te cayera un rayo encima.

Si esta relación prospera, uno experimentará la sensación de conexión a unos niveles muy intensos, pero un año o dos después, uno ve como ante sus ojos esa relación se enfría, no tiene futuro, en el lugar dónde había ese gran amor, queda un creciente resentimiento.

Son los amores «difíciles».

¿Qué pasó con ese amor? ¿Dónde quedó?

La respuesta es: tenia un origen incestuoso y eso a la larga, como una piedra en el zapato va a generar una herida con la que uno no puede seguir viviendo… a menos que desde la consciencia sepamos transmutar ese dolor que se generará, en la forma de un escalante resentimento. De otro modo la separación es la solución más recomendable.

Amores imposibles enraizadas en un amor de la infancia con un familiar. Relaciones incestuosas.

La numerología tan sencilla del transgeneracional nos da las claves para reconocer este tipo de relaciones y tomar consciencia del origen que tienen.

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