Dinosaurios

Las personas que están comprometidas en un crecimiento interno, que adoptan una práctica diaria, o que empiezan un proceso de sanación a través de una terapia o una técnica, van despertando a los pocos días o semanas, las memorias de las cargas de dolor que se vivieron en el pasado y que no fueron integradas .

A veces durante una meditación o en una asana de yoga o en las relaciones cercanas, en el día a día, emerge a la consciencia un dolor inesperado y es bueno darle un espacio a esa carga, respirarlo, abrazarlo, dejarlo salir.

Cuando ya llevamos un tiempo trabajando en nosotros mismos, bajamos a capas más profundas del inconsciente donde yacen dormidos los traumas familiares, los traumas de otras vidas, que se almacenan en nuestro cuerpo, básicamente en el tronco y en el cerebelo; o cerebro automático. Es la parte del cerebro antiguo, que gestiona todas las funciones automáticas.

Estas cargas emergen en forma de miedos inconscientes, enojos injustificados o tristezas profundas. También en la forma de deseos inconscientes, insatisfechos, pulsaciones sexuales o impulsos adictivos hacia el comer ciertos alimentos o ingerir ciertas substancias.

Los llamamos los DINOSAURIOS porque tienen un origen ancestral. Su origen puede ser en tu árbol genealógico o en el dolor de una pérdida o muerte trágica de una vida pasada (o simultanea ?). Pueden estar más lejos aún,pueden estar en memorias ancestrales de los animales: estrategias de ataque, que defensa, de apareamiento o territorialidad, en necesidades afectivas, de protección o de proteger o de pertenencias al clan, etc.

Todo esto es porque el cerebro humano se ha venido desarrollando en cuatro etapas: primero el tronco cerebral, encargado de las funciones de supervivencia: respiración, alimentación y reproducción. Le sigue el cerebelo o cerebro reptiliano, encargado de ataque – defensa y protección. Estos dos cerebros almacenan las memorias más antiguas del animal. Primeros estadios evolutivos. Luego aparece el cerebro emocional o sistema límbico. Y finalmente la corteza o neocortex, dónde se encuentran las funciones más conscientes y racionales, lo que nos hace más humanos, nos capacita para predecir, pensar, amar, experimentar a Diós, crear, imaginar, etc.

Ahora bien los cerebros van cada uno por su lado y eso nos lleva a pensar, sentir y hacer cosas diferentes. Ejemplo: veo algo que me gustaría disfrutar desde mi cerebro más primitivo, ( una mujer, una comida…) pero mi moral o razón me impiden hacerlo, finalmente mi acción es un comentario desvalorizante.

Esa manera diferente de trabajar de los hemisferios, nos lleva a ver nuestra falta de coherencia. Como seres humanos, podemos tomar conciencia de esas pulsiones y verlas. No reprimirlas pero permitirnos verlas, eso nos lleva a empezar a alinear esos hemisferios, nos permite generar respuestas nuevas, poco a poco, en nuestro comportamiento, donde las respuestas van siendo gestionadas por el cerebro superior.

Bien, pero en ese proceso uno tiene que ver esas tendencias, esos movimientos internos. Verlo nos permite dar respuestas nuevas, nuevas vias neuronales se generan en nuestros cerebros, pero eso es un proceso que puede durar años, decenios…

Creer que una persona que ande su camino espiritual se va liberando del dolor es un error. El dolor acompaña la vida de la persona consciete en todo momento, aunque los espacios de plenitud y dicha se van instalando y haciéndose más y más grandes y presentes; y la capacidad de ver y sostener lo que hay, crece también

A uno le puede sorprender que una persona que lleva tiempo trabajándose internamente tenga reacciones desmedidas ante circunstancias aparentemente insignificantes, eso se debe a la presencia de estos terribles Dinosaurios que en el momento menos esperado emergen para liberar cargas escondidas en lo más profundo del inconsciente.

Ver en el otro la aparición de estos Dinosaurios en reacciones absurdas o fuera de lugar y aceptarlas como parte del proceso del otro es un acto verdaderamente admirable. Al fin y al cabo cuando nosotros desvelamos un dinosaurio lo justificamos siempre con gran maestría.

¿Porque no aceptarlo también en el otro?

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