El ánima y el animus en el linaje

 

Carl G. Jung, discípulo de Freud,  formuló estos dos términos. El ánima es la parte femenina en un hombre, el animus es la parte masculina en una mujer.

Cada uno de nosotros trae en su bagaje inconsciente el resultado de como se ha vivido la masculinidad y la feminidad en nuestro clan, en generaciones anteriores.

Todos hemos desarrollado una imagen de lo masculino y lo femenino como resultado de como han actuado los hombres y mujeres que nos precedieron.

Todo hombre desarrolla una imagen femenina que es el resultado de las actitudes de las mujeres  de su familia, o sea, su madre, sus abuelas, sus hermanas y tías. Si estas han sido castrantes y posesivas, celosas y dependientes, si no han respetado a los hombres, si piensan que estos son unos irresponsables y unos sinvergüenzas, el hombre construirá un complejo materno que puede ir de la homosexualidad al donjuanismo pasando por la impotencia o la ñoñería.

En cambio, si las relaciones ejercidas por las mujeres han sido equilibradas y respetuosas, si ha habido corazón en ellas, cuando llegue el momento de encontrar pareja que corresponda a su sana naturaleza, evitará relaciones con trampa y aspectos ocultos, podrá transmitir su apellido, ocupándose atentamente de su hija, al mismo tiempo que seguirá conectado con su alma que lo guiará hacia su crecimiento y realización.

Así mismo, de igual manera, toda mujer que haya vivido dentro de un linaje masculino sano dónde los hombres se comprometen y contribuyen a sostener el nido proveyéndolo y estando al pendiente, presentes, podrá disfrutar de manera fluida de las relaciones con los hombres y su alma encontrará una vía de expresión creativa.

De otro modo, encontraremos profesionistas estresadas que andan tratando de conseguir la mirada de un padre irreal que nunca estuvo, que no las ve ni las reconoce, mujeres intelectualizadas y desconectadas de sí mismas o “ muñecas idealizadas” que responden a la preferencia superficial de hombres voraces o rebeldes feministas reivindicativas enconadas insatisfechas que a través de las generaciones distarán más y más del encuentro con el hombre y este terminará convirtiéndose solo en una realidad fugaz de una noche de borrachera dónde ella entrega el cuerpo al desconocido como única posibilidad de recibir el aroma fuerte de lo masculino tan escaso.

Pero sabes, para integrar siempre hay tiempo, para tomar conciencia y buscar nuevos referentes de dónde nutrirse, la vida nos regala nuevas oportunidades, si vamos a su encuentro. El silencio también es un hermoso camino para reconectarse con el alma, noche tras noche y amanecer tras amanecer, buscar ese momento para dejar que lo invisible susurre sus mensajes. Reconectarse con uno mismo. Que a eso hemos venido a conocer el amor, tanto hombres como las mujeres y nada mejor que poder aprender a estar, alimentando lo que nos une y sosteniendo con nobleza y aliento tranquilo lo que nos separa.

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