El Trauma y la Genética

Un estudio científico de la universidad Mount Sinai, en Nueva York sugiere que los efectos del trauma se pueden rastrear a través de generaciones.

Este es un interesante avance científico: un equipo de investigación del Hospital Mount Sinai en la ciudad de Nueva York, dirigido por la doctora Rachel Yehuda ha publicado un estudio que apunta a la posibilidad de que el trauma sufrido por una generación pueda transmitirse, en cierto sentido, a sus hijos e hijas. Tal vez incluso más abajo en la cadena genética.

El periódico The Guardian publicó detalles de este sorprendente hallazgo:
La conclusión que se desprende del trabajo de un equipo de Rachel Yehuda, en Mount Sinai, se deriva del estudio genético de 32 hombres y mujeres judíos cuyos padres que habían estado internados en un campo de concentración nazi y que fueron testigos o experimentaron torturas o tuvieron que esconderse durante el segunda Guerra Mundial.
También analizaron los genes de sus hijos, que se sabe que tienen una mayor probabilidad de trastornos por estrés, y compararon los resultados con las familias judías que vivían fuera de Europa durante la guerra. «Los cambios genéticos en los niños solo se pueden atribuir a la exposición al Holocausto en los padres», dijo Yehuda.

Hace años, hacia los 90’s cuando los científicos de todo el mundo empezaron la tarea de descifrar el genoma humano, se pensaba que el ADN era la información que se traducía en proteínas. La finalidad de la síntesis de proteínas es permitir al organismo formar aquellas macromoléculas que necesita para llevar a cabo sus funciones. Se pensaba que la célula hace una lectura lineal como las palabras en un libro, de modo que habría tantos genes como proteínas. 
Grande fue su sorpresa cuando descubrieron que en el ser humano solo hay 18.000 genes. El maíz tiene 35.000. ¿Cómo podía ser eso?
Entonces los biólogos fueron obligados a cambiar su manera de ver la genética, tuvieron que comprender que un gen no se traduce en una proteína sino que un solo gen se puede traducir en muchas y diferentes proteínas, y ¿de qué dependía? Pues de muchas cosas: del ambiente, de la alimentación, de los hábitos de la persona, etc. Había nacido la Epigenética.

Esta rama de la biología ha evolucionado, y hoy, “hemos podido llegar a estudiar la transmisión de traumas a un niño a través de lo que se denomina «herencia epigenética»: la idea de que las influencias ambientales como fumar, la dieta y el estrés pueden afectar los genes de sus hijos y posiblemente incluso los nietos”.

La idea es controvertida, sin embargo, nuestros genes son modificados por el medio ambiente todo el tiempo, a través de etiquetas químicas que se adhieren a nuestro ADN, activando y desactivando los genes. Estudios recientes sugieren que algunas de estas etiquetas podrían transmitirse de alguna manera a través de generaciones, lo que significa que nuestro entorno podría tener un impacto en la salud de nuestros niños.

Rachel Yehuda nos cuenta:
“Estamos empezando a entender que solo porque nazcas con un determinado conjunto de genes, no estás en una prisión biológica como resultado de esos genes; se pueden hacer cambios en la forma en que funcionan esos genes, eso puede ayudar. Lo escuchamos de las personas todo el tiempo, cuando algo catastrófico les sucede, decimos: “no soy la misma persona. Me han cambiado. No soy la misma persona que era ” Y la epigenética nos da el lenguaje y la ciencia para poder comenzar a desempacar eso”.

La Dra Yehuda es pionera en la comprensión de cómo los efectos del estrés y el trauma pueden transmitirse biológicamente, más allá de los eventos catastróficos, a la próxima generación. Ella estudió a los hijos de sobrevivientes del Holocausto nazi y a los hijos de mujeres embarazadas que sobrevivieron a los ataques del 11 de septiembre; comparando con las mismas poblaciones que no vivieron esos traumas. 
Yehuda descubrió que los descendientes del Holocausto tenían tres veces más probabilidades de desarrollar un trastorno de estrés postraumático, si estaban expuestos a un evento traumático, que las personas judías demográficamente similares cuyos padres no sobrevivieron al Holocausto. Eso es real.

Los descendientes del Holocausto tenía las mismas anomalías neuroendocrinas u hormonales que observábamos en los sobrevivientes del Holocausto y en las personas con trastorno de estrés postraumático. Sobretodo los hijos de madres supervivientes del holocausto.

De modo que el ADN de una persona que vivió es trauma se transmite a sus descendientes, quedó probado. “El propósito de los cambios epigenéticos, creo, es simplemente aumentar el repertorio de posibles respuestas a situaciones de stress o ambientales”.

Del mismo modo que el trauma queda grabado en el ADN, también se dan cambios epigenéticos en respuesta a la psicoterapia. Si decimos que las circunstancias ambientales pueden crear un tipo de cambio, una circunstancia ambiental diferente crea otro tipo de cambio, eso es muy enriquecedor, esperanzador.

En una entrevista en la radio la persona que entrevistaba a Rachel Yehuda comentó algo que me encantó escuchar. Krista Tippett en su programa de radio On Being comentó que en la ciudad de Louiseville, dónde el alcalde y otros ciudadanos abrieron un programa social para explorar cómo sería ser una «ciudad compasiva». Usando el programa como un experimento, están trayendo algunos métodos contemplativos a las escuelas, es muy interesante y muy holístico. Y hubo un – en realidad, un pastor, un líder afroamericano, que dirige una iglesia importante, allí. Y dijo que una de las cosas más importantes y transformadoras que este alcalde había hecho, que los jóvenes de su comunidad le habían dicho esto, era sentarse con su dolor.” 
Al escucharlo, la Dra Yehuda afirmó: así es. Esta es la clave para sanar el trauma: “Sentirlo. Siéntelo, en lugar de correr hacia alguien para darle una pastilla para dormir. Sentirlo. Si quieres tener ese tipo de cultura, se reduce a dos palabras. «Oye, ¿estás bien?» Acompañar a las personas en su dolor”.

Leave a comment

www.eduardgirbau.com © 2020. Todos los derechos reservados.

www.eduardgirbau.com © 2020. Todos los derechos reservados.