Campo relacional

A menudo ponemos nuestra vida en las manos de los demás: de nuestras parejas, de nuestros padres e incluso de nuestros hijos. Sería como regalar la responsabilidad de vivir la vida por nosotros mismos. Esto es como construir tu casa en la arena de la playa.

Pasará un tiempo más o menos largo, 4 meses o sesenta años, pero al final, los hijos se van, los padres se mueren, el marido cambia de parecer o se va por tabaco y ya no vuelve… o te dice: 

¡Gracias por haber participado, pero ya no te quiero!

 Y si no hemos cimentado nuestra vida en nosotros, si nuestro centro no está sustentado en lo que queremos, (y eso no es egoísmo, sino legitima decisión de ser responsables) si nos hemos pasado la vida dando para que nos den, amando para que nos amen, dando a los demás lo que creemos que nos piden, trabajando en lo que nos da reconocimiento, sin haber tratado de descubrir lo que de veras queremos para nosotros… lo inevitable llega.

Y llega.

En algún momento, nuestro campo relacional se romperá en mil pedazos y nos preguntaremos las eternas y estúpidas preguntas: ¿Por qué a mí? ¿Por qué me pasa esto?
Y ahí la victimización será la vía más fácil, se da por “default”, pero no sirve para nada, no te va a llevar a ningún lugar bueno. Y ojalá que te des cuenta. Porque si no te das cuenta, vas a vivir cien años más, o cien existencias más, en la queja y en el llanto.

Porque ese momento de crisis, en realidad, es una maravillosa bendición porque nos da la oportunidad de descubrir qué es lo que queremos, realmente.
¿Qué quieres en tu vida? ¿Cuál es tu palabra?, ¿cuál es tu verdadera voluntad?

Cambiar el «¿qué me puede dar el mundo?» por «¿qué le puedo dar yo a la vida?»
Y todo llega en su momento, y todo tiene un «para qué»
Todo «golpe» nos trae una oportunidad de crecer…que a eso hemos venido 
¡Que no se nos olvide!!!

El conflicto y la enfermedad puede ser una grandiosa oportunidad para aprender a construirte. 
Pero construirte de manera real.

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