Las alergias

Las Alergias

Para la medicina ortodoxa, las alergias no tienen curación. Se tratan de manera paliativa y tratando que el paciente no se exponga a los factores que las desencadenan. Se recetan antihistamínicos, aerosoles nasales, gotas para los ojos o cremas para la piel.

La alergia conlleva una híper-reacción del sistema inmunológico a un elemento o sustancia, que en principio no tiene ningún componente agresivo por sí misma.

¿Por qué, entonces, la persona se hace sensible al polen, al pelo de un gato o a los ácaros?

Para nosotros, los profesionales de la salud integral, que contemplamos los factores emocionales, la alergia es la respuesta a una situación de stress, una situación dolorosa ligado a un elemento exterior: las fresas, el polen, los camarones o el polvo.

Para comprender como funciona el cuerpo hay que entender que este es dirigido por el inconsciente en un intento de sobrevivir a ciertas situaciones traumatizantes. Siempre cuento la siguiente historia para ilustrar como programa el cerebro una alergia.

Había una vez dos amigos: María y Antonio. Eran grandes amigos y además de estudiar juntos, compartían aficiones.  Antonio estaba enamorado de María, pero esta no de él.

Pasaron los años y Antonio, que era tímido y retraído, concluyó que María debía de quererlo, porque siempre se la pasaban bien compartiendo sus afinidades y ya llevaban mucho tiempo juntos.

Pero apareció una tercera persona: Ricardo, un joven guapetón que también quería conquistar a María. Antonio viendo que podía perder a su enamorada, una noche la invitó a cenar para regalarle una sortija de compromiso.

Era el final de la cena, estaban comiendo los postres: pastel de fresas. María adivinó que algo le pasaba a Antonio, lo conocía muy bien, que algo estaba tramando porque estaba muy nervioso y, para evitar un momento engorroso o tener que rechazarlo, se adelantó y le dijo:

          ¡Sabes, Antonio, me he enamorado de Ricardo! Me ha pedido que sea su novia. Y le he dicho que sí.

Antonio recibe el shock con el pastel de fresas en la boca, casi se ahoga del susto.

Pasó un año y vuelve a ser temporada de fresas. Antonio va a comer a casa de su mamá que le ha preparado unas fresas con crema; porque sabe que a su hijo le encantan. Cuando Antonio va a comer el segundo bocado parece que lo han envenenado: se ahoga, le lloran los ojos y le aparece unas ronchas en la piel. Se ha desencadenado la reacción alérgica a las fresas.

Su cuerpo asoció fresas con desengaño amoroso. Ahora las fresas son veneno.

 

Otro ejemplo:

Pablito está feliz, hoy vino su prima Margarita y están jugando debajo de la cama, de repente Pablito abrazo a su prima, justo en el momento que pasa por ahí la abuela. Piensa que está “tocando” a su nieta preferida. Lo saca jalándolo por un pie de debajo de la cama y le pega una buena paliza. Debajo de la cama hay polvo y ácaros. El inconsciente asocia el dolor de la paliza con el polvo y los ácaros.

Nos encontramos con un proceso en dos etapas:

Una primera etapa o fase muda dónde hay un episodio emocional muy concreto en el que el inconsciente del individuo conecta la emoción con algo en el ambiente: el elemento alergeno.

Hay un shock intenso y la persona no tiene la capacidad de gestionarlo a nivel consciente y pasa a una solución biológica e inconsciente. Nuestros sentidos participan en esa asociación entre la substancia y la carga de dolor.

Segunda etapa o fase ruidosa: en el momento que se repite una situación parecida, el inconsciente lo reconoce y desencadena una reacción inmunológica, como respuesta a la aparición del elemento alergeno que se reconoce como un peligro.

Solución a las alergias:

Para corregir la alergia hace falta volver al momento del shock, a través de un acompañamiento y liberar la carga de dolor que se produjo en ese momento. La persona tiene que descubrir qué sintió y qué le faltó decir en medio de esa intensa emoción.

A Antonio le faltó decir: “¡María, pero yo te quiero de verdad!, ¡No me puedes dejar, después de todo lo compartido!”

A Pablito le faltó quejarse, frente a la abuela: “Mala mujer! ¡Yo solo estaba jugando!”

Claro, no es solo decir, es conectar con el momento y con la carga de dolor. Desde ahí se libera y el síntoma desaparece.

Características del alérgico

Finalmente, la persona alérgica tiene una tendencia a buscar reconocimiento a través, incluso de la sumisión. Hay unas características muy frecuentes en la persona alérgica:

Muchas veces hay un llanto contenido. La persona es susceptible. Tiene la necesidad de agradar. Puede ser que haya desarrollado una hostilidad hacia una persona o una situación y por lo tanto falta integrar eso. Puede haber un miedo a enfrentar la vida plenamente, con sus momentos de disfrute y gozo. Trata de no depender tanto de los demás, aprende a vivir como quién eres, sin esperar tanto el reconocimiento de los demás.

Las alergias si son dependientes de un solo factor se suelen resolver en una sesión o dos.

 

 

 

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