Comparte Alejandro Jodorowsky en un post a una lectora:

“nuestra vida emocional es semejante a la naturaleza de los árboles: cuando a ellos les haces una herida, cortándoles por ejemplo una rama, esta herida no se cierra nunca más. No conocen la cicatrización. Queda en su tronco un agujero que, para protegerse, lo cubren con una capa que viene a agregarse a su corteza.

Por eso hay árboles huecos. En esa cavidad crecen hongos que alimentan al vegetal. Es decir, que sus heridas acaban nutriéndolo.

Para compensar a la rama cortada, les crece una nueva junto a la herida”.

Así los seres humanos cuando queremos sanar una herida: un abuso, una injusticia, un abandono o separación, un rechazo o una pérdida, podemos liberar la carga de dolor que acompaña ese episodio de nuestra vida. Si la herida se dio en la infancia, en la gestación, en otra vida…podemos hacer una regresión para ir a ese momento y liberar el dolor contenido en ese episodio. Podemos hacer eso, sí. Podemos llevar el dolor e al luz de la mirada, del aliento. Y se libera la carga, o sea se descarga. Pero la memoria del evento seguirá ahí, eso tiene que quedar porqué es la experiencia que viniste a buscar para crecer, para relacionarte y experimentar ese tipo de dolor. Es el trecho de camino que te trajo dónde estás ahora y es tu relación con tu propio clan, del que no puedes desprenderte, porque tu eres tu clan, te guste o no, con todo su dolor y todos sus logros.

Cuando sanamos, integramos el dolor de esa experiencia y la concluimos. Así el aprendizaje queda terminado y podemos pasar a otra experiencia. Su fruto ha sido dado para que tu alma se moviera hacia el despertar. Porque a eso hemos venido a espiritualizar la materia; Sí.

Transformar las memorias del dolor de nuestros ancestros que descansa en esta carne, esperando a que el reloj interno dispare la alarma para que esa memoria de dolor emerja a la superficie a través de un suceso dramático, en nuestra vida.

En el momento que eso sucede no tenemos, normalmente, herramientas para gestionar ese dolor, pero a través de un trabajo, de un acompañamiento, de una terapia, podemos liberar ese dolor y entonces cerramos esa memoria que ha estado brincando de generación en generación, atormentando a varios miembro de nuestra familia.

Cuando finalmente podemos disolver el dolor de esa memoria estamos liberando a los ancestros, estamos liberándonos a nosotros mismos y liberamos a las próximas generaciones que, seguramente ya no tendrán que pasar por esa experiencia de dolor o al menos no de manera inconsciente.

Pero el recuerdo que lo que estuvo ahí queda. Y tiene un propósito que quede, y es que es el vínculo al pasado, a aquello que fue.

Y así todo está bien, todo es perfecto.

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