La lactancia es la bendición del bebé.

Podríamos llamarlo el “canibalismo” amoroso, dice Olivier Soulier. Es el único momento en el que nos alimentamos de otro humano.

En la leche está todo lo que el niño necesita para crecer: están las proteínas que nos van a dar la estructura, los azucares que nos dan el combustible para movernos, hacer y ser, y las grasas que nos dan protección. Además en la leche tenemos todo el abanico de substancias que nos proveerá de los anticuerpos que necesitarnos para protegernos contra agresiones e infecciones.

A través de la leche absorbemos también el afecto de mamá, se hace imposible separar el afecto (o la falta de…) de la lactancia. También la madre es estimulada por la ternura del bebé.

Yo te alimento amándote. Yo te amo y por eso te alimento. El bebé recibe lo que mamá está dando por amor y todo lo que es negado por falta de este. Se establece una simbiosis real y total entre madre e hijo. Y cuando todo está bien se construye una seguridad que será el fundamento de esa nueva personalidad.

Si la madre sostiene al bebé desde el amor, todo será perfecto en la personalidad de ese nuevo ser. Si mamá nutre con amor, el mundo será un lugar seguro. Si mamá no da al bebé lo que necesita, el mundo es un lugar inseguro, un lugar donde desconfiar.

Hay dos hormonas en la lactancia: la Prolactina: se encarga de estimular la producción de la lactancia. Es la hormona del amor y del darse al otro, de la generosidad.

Hay mamás tóxicas que no saben dar, ajenas a la maternidad convierten a sus crías en sus mamás. Y los programan para darles a ellas. Esos infelices se convertirán en unos sufridos mamás de todo el mundo y de grandes pueden llegar a liberar prolactina y leche, sin estar embarazadas ni haber tenido bebés, viven resolviendo la vida de los demás y eso les lleva a tener una terribles cefaleas, por esa tensión en resolver todo para que me quieran. Incluso en los hombres se ha llegado a dar esa producción de leche bajo este programa patológico.

Intolerancia a la lactosa:

Muchos bebés no se acomodan a cambiar la leche materna por la leche de la vaca. Eso, a veces abrupto, ligado a atmósferas faltas de afecto y amor conduce a las alergias e intolerancias a la leche y a los quesos.

La segunda hormona es la Oxitocina: o la hormona del amor. Entre varias funciones, lleva al músculo del seno a contraerse para hacer llegar la leche a la boca del bebé. Es la hormona del amor en el sentido que expresa el afecto ayudando a dar el alimento de vida.

Recientes investigaciones nos dicen que una buena lactancia, si nos sentimos ayudados y amados, eso determina una actitud de fidelidad conyugal y en general. Ayudar es dar a los demás. La Oxitocina abre las puertas al servicio, a ayudar a los necesitados a través de asociaciones benéficas, por ejemplo, ONG’s, etc.

En la producción de leche la célula glandular tiene un depósito que viene a ser la mitad de ella misma, esa mitad se desprende y la célula vuelve a reconstituirse nuevamente. Da una y otra vez la mitad de ella misma.

“Alimenté al otro con la mitad de mi misma” Eso es un acto de amor. En el que se puede caer en el peligro de convertir el amor en posesión y el seno en una cadena, en la que muchos niños se quedan anclados por el resto de sus vidas y las mamás, si no pueden volar hacia un mundo que parece no existir se quedaran atrapados en ese seno, castrados en el amor de madre que puede ser mortal.

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