Medicina y niveles de conciencia

El ser humano es algo hermoso, profundo, con diferentes niveles de experimentación, variado, plural, multidimensional, y lo más importante es que no está completo, tiene mucho por desarrollar.

El ser humano es como un arcoíris a medio construir, compuesto por dos o tres colores y con la posibilidad de desarrollar toda la gama cromática que le falta, para terminar expresando todo lo que puede llegar a ser.

Entendiendo esto, podemos comprender que en este planeta convivimos todo tipo de seres humanos, desde muy básicos a muy desarrollados.

Ser básico es contemplar solo aquello que vemos, tocamos y podemos medir. Lo que se siente no es importante. El ser humano desarrollado sabe que no somos únicamente cuerpo y materia porqué en su experiencia cotidiana está viviendo y caminado una paisaje interno vivo e infinito que se despliega a cada paso.

Cuando vamos despertando a los niveles superiores de cognición, fruto de un trabajo interno, comprendemos por experiencia directa que hay una relación entre las emociones y el estado del cuerpo, que nuestros pensamientos tienen un efecto en nuestra experiencia, nuestra realidad, nuestro día a día.

Del mismo modo nuestra salud puede ser contemplada desde estos distintos niveles. Eso nos permite comprender que la causa o el origen de la enfermedad responde a situaciones mentales; de creencias y emocionales o de nuestra capacidad de gestionar las emociones, de verlas y no reaccionar a ellas, de permitirnos sentirlas, más allá de que tan intensas se presenten.

Así podemos decir que la medicina alopárica trabaja con la química y con la cirugía el elemento físico, básicamente, la acupuntura y la homeoparía los aspectos energéticos y emocionales, las flores de Bach las emociones y así hay diferentes medicinas que trabajan a diferentes niveles.

El cuerpo físico a veces encuentra situaciones de deterioro que lo llevan a estados de enfermedad irreversible: véase ciertos hipotiroidismos, Poliartritis o diabetes.

Como estamos todos en proceso de aprender, crecer y desarrollarnos, hay momentos en los que aún no estamos a la altura de resolver algo con las herramientas que las nuevas medicinas, más respetuosas, nos brindan. A veces un infarto inesperado, un cólico renal fuerte o un apendicitis fulminante nos obliga, a pesar del nivel de conciencia que tengamos a usar la bendita medicina alopática, que en esos casos actúa como la red que usan los trapecistas para evitar una caída mortal.

La necesidad de seguir creciendo, de seguir aprendiendo, para llegar más lejos, para tener más conocimientos que nos permitan estar mejor y más sanos nos impulsa a seguir explorando los mundos sutiles, dónde las cosas no son cuantificables ni medibles, pero no por ello menos reales.

Y la historia nos confirma que todos esos hombres que han contribuido mayormente al desarrollo de la medicina han sido negados, perseguidos y hasta asesinados. Y la conciencia inevitablemente seguirá expandiéndose, para beneficio de todos, a pesar del miedo de los hombres que lejos de aceptar su verdadera y majestuosa naturaleza han optado por vivir menguados y básicos.

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