Mujeres, Sexualidad y Herencia

A lo largo de la historia de la humanidad, la mujer ha vivido una negación de la expresión de su sexualidad tan aplastante que hasta hoy sigue sufriendo sus secuelas.

A día de hoy la mujer llega a consulta cargando el peso de sus madres y abuelas que le impiden estar sana, le impiden tener una sexualidad plena, le impiden ser feliz, gozando en la cama y en sus relaciones.

La mujer, a lo largo de esa negación histórica no se le permitió reivindicar que tiene un alma, igual que los hombres, hasta el año 1512. Pudo ejercer el derecho a votar, solo hasta después de agosto de 1920 en EEUU, hasta 1945, en Francia, cuando obtiene sus plenos derechos de ciudadana. En México, hasta octubre del 53.

Desde miles de generaciones, el aspecto sexual de la mujer ha sido negado, ignorado, reprimido por el hombre y por sus propias madres y abuelas.

Maternidad vs feminidad

La mujer era vista como “buena” si se amoldaba al termino madre: asexuada, que ama y cuida a sus hijos, pero no si adoptaba el rol de mujer en todo su potencial. Dicotomía entre “María-virgen y Eva-lujuria , la mujer que goza, que disfruta de su sexualidad no ha sido bien vista ni valorada. Con la llegada de los anticonceptivos, en los años 60´s la mujer puede dejar de ser una máquina reproductiva para pasar a ser mujer y disfrutar del placer con su compañero. La experiencia sensorial del hombre o mujer adultos nos acerca a la vida, a la experiencia interna y a Dios, cuando se vive en Consciencia y desde el amor.

Y han pasado muchos años, más de 50, y sin embargo muchas mujeres siguen viviendo la dificultad del encuentro, del flirteo, de las caricias, de acoger naturalmente al sexo de sus amantes. El cinturón de castidad de las generaciones que nos precedieron sigue actuando, condicionando, castigando.

Dentro de la pareja, poder decidir el momento de traer hijos al mundo, de entregarse a disfrutar de la unión con el otro, es una experiencia que nos lleva a crecer y a ser adultos, liberándonos de las creencias que han flotado en las atmósferas familiares de nuestros abuelos y bisabuelos.

Pero las mujeres siguen sin tener las herramientas, el conocimiento, las instrucciones para descubrirse y flotan perdidas entre dos aguas, entre dos mundos, entre el pasado de sus abuelas que ya no existe y el momento presente del que desconfían porque no se quitaron los lentes de sus ancestros.

La sexualidad de una mujer tomará como modelo las experiencias y perspectiva de su madre, abuela y bisabuela y los síntomas con los que nos encontremos marcarán una repetición a través de las generaciones.

Crecer, tomar conciencia de los programas que traemos, liberarnos de las heridas, soltar la culpa, soltar la vergüenza, es el fruto de un trabajo que forma parte del camino del Amor a vivir en plenitud, en armonía, en comprensión de mi Yo y del otro Yo, es un camino que bien vale la pena caminar.

Construir el árbol familiar, poner sobre la mesa lo que sucedió, para mirar de frente los traumas y heridas. Comprender el rol que nos dio la familia, el lugar que nos tocó ocupar, el personaje que se nos dio a actuar. Como respondieron sus madres y abuelas a sus situaciones de vida, como vivieron como madres y como mujeres, como fueron gestadas, concebidas y libradas al mundo…

Y hoy podemos liberar esas cargas de dolor de nuestros antepasados, pero antes tenemos que comprender lo que se vivió en nuestro linaje, nos va a ayudar generar una toma de conciencia.

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