¡¡¡No me toques la próstata!!!

Las estadísticas sobre el cáncer de próstata son alarmantes: es el cáncer más común, en los hombres, al lado del cáncer de piel, y es la segunda causa de muerte por cáncer con el de pulmón, pero además ha estado aumentando en los últimos años, a medida que los diagnósticos preventivos se han ido implantando.

Esto ha hecho dudar a muchos científicos de la veracidad del diagnóstico. ¿Qué está pasando?

De cada siete hombres, uno desarrollará este tipo de cáncer.

Nos encontramos que con el cáncer de próstata pasa lo mismo que está sucediendo con las mujeres con el cáncer de mama. Desde la llegada de las pruebas de mamografía en los hospitales y centros de salud, las estadísticas han estado creciendo.

Se dice que la presencia de este cáncer genera disfunción eréctil, pero lo que disminuye la fuerza viril es el efecto de estos tratamiento convencionales.

Cuando se interviene y se extrae la próstata, provoca una disfunción eréctil, impotencia temporal o permanente. La prostatectomía causaría también diferente grado de disfunción, según el grado de seccionamiento del nervio cavernoso en el momento de la intervención quirúrgica.

Después de una prostatectomía, la gran mayoría de los hombres experimenta orgasmos secos sin eyaculación; lógicamente, la próstata y las vesículas seminales responsables de la producción del líquido del esperma están ausentes en lo sucesivo.

Porqué la presencia de estos estudios hace incrementar el número de casos?

Según el Dr. Dominique Dupagne, esta detección concluye, en numerosos casos, tras el descubrimiento, en la próstata, de células cancerosas que jamás hubieran provocado cáncer. “La mitad de los hombres de 60 años de edad tiene células cancerosas en su próstata, es un fenómeno casi normal; también es el caso de cerca del 100% de los hombres de 90 años. El único gran estudio científico que haya evaluado el impacto de la detección de cáncer de próstata comprobó que los hombres incitados a practicar una detección habían muerto de un cáncer de próstata más a menudo que los que no fueron incitados.”

“El cáncer de próstata tiene una evolución extremadamente lenta; su detección sistemática provoca un sobrediagnóstico y un sobretratamiento”, subraya el Dr. Guy Launoy, director del equipo de investigación Inserm “Cánceres y poblaciones” en el centro hospitalario universitario de Caen (Francia). Los tratamientos (por cirugía o radioterapia) engendran a menudo efectos secundarios difíciles de sobrellevar. Según él, creamos así morbilidad en cientos de hombres.

La era del ‘sobrediagnóstico’

¿Qué es un sobrediagnóstico? Se refiere a la detección de “cánceres” que jamás habrían puesto en peligro la vida de la persona pero, por el contrario, motivan un tratamiento. La noción de sobrediagnóstico es conceptualmente idéntica a la de pseudocáncer o a la de falso positivo.

El Dr. Bernard Junod, del Departamento de Sanidad Pública, Facultad de medicina Rennes, Francia, subraya que “los cánceres no evolutivos, pseudocánceres, son diagnosticados [de modo histológico, así pues incierto] en un mayor número debido a la detección. La ilusión de la eficacia del tratamiento contribuye a reforzar la idea de que una detección precoz sea benéfica, mientras que muchos de ellos no evolucionan, ni plantean problema de salud ni necesitan tratamientos.”

“Es imposible decir hoy si la detección creó una epidemia de diagnósticos inútiles o contribuyó a la disminución de la mortalidad (…) La posibilidad de diagnósticos inútiles está apoyada por los estudios de autopsias sistemáticas en la población general, que encuentran un cáncer de la próstata en el 30% de los hombres de 30 años de edad y en el 80% de los hombres de 80 años.” Precisemos que este cáncer es la segunda causa de mortalidad, en Francia, por cáncer en el hombre, después del cáncer del pulmón.

No toques mi próstata!!!

Más de 200 médicos firmaron el manifiesto “No toques mi próstata”, lanzado hace algunos meses por el Dr. Dominique Dupagne, fundador del foro médico de discusión independiente Atoute.org.

“Cada año, millares de hombres son asustados, operados, irradiados, vueltos impotentes o incontinentes para un beneficio hipotético”, denuncia este manifiesto.

Según el Dr. Dominique Dupagne, esta detección concluye, en numerosos casos, tras el descubrimiento, en la próstata, de células cancerosas que jamás hubieran provocado cáncer. “La mitad de los hombres de 60 años de edad tiene células cancerosas en su próstata, es un fenómeno casi normal; también es el caso de cerca del 100% de los hombres de 90 años. El único gran estudio científico que haya evaluado el impacto de la detección de cáncer de próstata comprobó que los hombres incitados a practicar una detección habían muerto de un cáncer de próstata más a menudo que los que no fueron incitados.”

Si se examina seriamente los resultados de los tratamientos convencionales, los cuales pretenden alcanzar alrededor del 50% de curaciones, debemos primero y ante todo comprender el alcance de la estadística médica: la curación del cáncer significa únicamente una remisión en cinco años. Las cifras están fuertemente sesgadas.

Una curación, desde un punto de vista estadístico, no significa nada en absoluto y, además, confunde a la población. La realidad de las remisiones varía considerablemente de un cáncer a otro, ya que algunos se reabsorben y otros, más numerosos, son mortales; también varía de un grupo de edad a otro. Toda persona con cáncer podría llegar a creer que tiene un 50% de posibilidades de salir de él, algo totalmente falso ya que es muy posible que, según su caso específico, no tenga ninguna suerte.

Un estudio australiano (“The contribución of Cytotoxic Chemotherapy to 5-year Survival in Adult Malignancies”, Clinical Oncology, 2004:16 549-560) demostró claramente que la parte atribuible de las supuestas curaciones por quimioterapia era solamente del 2,2 % (el 2,3 % en Australia, sobre 72.964 pacientes controlados durante diez años y el 2,1% en los Estados Unidos, cerca de 155.000 pacientes). Los investigadores científicos en oncología conocen este estudio a gran escala, pero el gran público no. Por cierto, no se quiere que se sepa la verdad, la quimioterapia es una actividad económica muy lucrativa. Si se le dijera la verdad a la gente −aquí tiene usted un tratamiento que consigue, en realidad, únicamente un 2,2% de supervivientes−, ¿quién aceptaría tal tratamiento?

Son excluidos de las estadísticas de los fallecimientos por cánceres todos los pacientes que mueren por consecuencias quirúrgicas, por un error médico o por efectos secundarios del tratamiento. El diagnóstico precoz, que ya ofrece cerca del 25% de falsos positivos, tiene una única ventaja: permitir empezar el tratamiento más temprano y así mejorar las estadísticas a los cinco años; el paciente tratado tempranamente fallecerá después de cinco años y de esto modo incluido como “curado” según la lógica de este sistema.

Según los terapeutas de la Nueva Medicina Germánica (NMG), y los Biodescodificadores , el mejor medio para contraer una cáncer de próstata es sufrir una prueba de detección.

Para ellos el cáncer de próstata apareció después de un choque biológico específico; un impacto emocional fuerte y muy específico. Mientras el choque está activo las células cancerígenas crecen, pero una vez el choque es resuelto, la parada del crecimiento tumoral es automática.

Causa psico-emocional:

En todos los casos observados, el hombre afectado había vivido un choque biológico de amenaza de su descendencia, debida a un factor exterior y en el cual la confrontación con una persona del sexo opuesto era, en ocasiones, para tener muy en cuenta.

Cuando en consulta se abordan ciertas situaciones con las que se relacionan, siempre hay reacciones intensas; eso es: O hay un conflicto por tener relaciones, o la falta de más hijos, a veces falta de nietos.

Al preguntar algo tan simple como “¿tiene niños?” o “¿cómo lleva su relación con su hija?” puede provocar una reacción fuerte: “sí, tengo un niño, y siempre quise tener otro pero mi ex no quería saber nada, ¡Y, mi nueva pareja tampoco quiere oír ni hablar del tema!” o “mi hija y yo andamos a palos, la comunicación es imposible, ¡ella sale con un idiota!”

Y ese es el trabajo en consulta detectar cuál es el episodio de dolor y acompañar al paciente en la liberación de esta carga psico-emocional.

A menudo, no solamente el choque fue súbito e inesperado, sino que la persona no expresó su cólera, su frustración o sus temores. Es evidente que el cansancio biológico nos invade cuando uno le da vueltas y más vueltas a un problema sin encontrar solución. Por otra parte, los hombres reconocen espontáneamente que están de los nervios, que no tienen el espíritu tranquilo y que esto se refleja en la calidad del sueño y del apetito. “¿Le expresó a su hija sus miedos en cuanto a su futuro?” A menudo, la respuesta es: “no”.

Vimos hombres que, con un diagnóstico de cáncer de próstata en estado avanzado, volvían a orinar normalmente poco después de haberle comunicado sus temores a su hija o a su pareja; pero también vimos otros que desarrollaron otro cáncer, esta vez óseo, porque no lograban comunicar y se sentían totalmente impotentes frente a la situación.

La psicología masculina

La costumbre más habitual entre hombres es no expresar sus temores y emociones, eso contribuye a que se dificulte el trabajo en consulta. Los hombres sufren pero no expresan, para sostener una imagen de fuerza.

Pero la verdadera fuerza está en poder aceptar lo que hay y permitirse ver en todo el espectro que ofrece ser un ser humano. Todos tenemos emociones y no verlas, no expresarlas, no nos lleva a nada. Estamos hablando de una educación del hombre en nuestra sociedad que ya quedó obsoleta y que no se ha actualizado a los tiempos que vivimos.

De un artículo de Loulou Bédard y a su vez de un extracto de: “Le nouveau manifeste des hommes”, de Aaron R. Kipnis,

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