Ovarios: Quistes y patologías

Los ovarios tienen la función de generar células germinales femeninas: los óvulos.

El ovario tiene la función de permitir supervivencia personal y sobretodo, de la especie.

Cuando un hijo fallece, el ovario lee que tiene que producir más células para conservar la especie y la descendencia, entonces desarrolla un tumor benigno o maligno en el ovario. Pero también se puede dar cuando muere un ser querido, incluso una mascota.

Incluso, si una hija apapacha a papá, y se

relaciona con él como si lo cuidara como una mamá. (Roles intercambiados)

Una paciente, por ejemplo había desarrollado quistes en el ovario izquierdo a raíz del suicidio de su hermano menor. Su hermanito, para quién ella actuaba como su “mamá” había fallecido a los 18 años.

Un deseo intenso de tener un hijo puede provocar quistes de ovarios, como ocurre con algunas adolescentes que comienzan a tener un deseo maternal, muchas veces inconsciente. También cuando la adolescente se identifica con el deseo frustrado de su madre que desea otro hijo y, en su inconsciente, quiere complacer ese deseo de la madre.(Empatia con el deseo de mamá).

Entonces sus ovarios comienzan a crecer en forma desmedida y producen más estrógenos, lo que aumenta su feminidad y se vuelve más seductora, para atraer al macho. Al fin y al cabo pertenecemos al Reino Animal.

La pérdida de un hijo es un código que el cerebro lee que debe reponer a ese hijo lo más rápido posible para mantener la supervivencia de la especie. Ese código va más allá del deseo de la madre que podría estar queriendo no tener más hijos para no sufrir otra pérdida, otro sufrimiento. Entonces el cerebro ordena, a través de la hipófisis, al ovario de producir más células, formando un tumor o un quiste, con el fin de producir más estrógenos y con ello elevar las posibilidades de tener otros hijos.

Si la madre desarrolla culpa de no haber podido defender a su hijo de una agresión o de un juzgamiento injusto efectuado por un adulto más fuerte, el cerebro lo lee como si hubiese temor de perder a ese hijo y por ende, ¡rápido, hay que tener más hijos!

Como se puede apreciar, nuestro cuerpo reacciona, aún contra nuestra voluntad, con mecanismos de defensa y supervivencia ante los conflictos, agresiones, emociones que provienen del exterior o de lo más profundo del inconsciente.

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