¿Por qué trabajar el árbol familiar?

¿Por qué hurgar en el pasado?, ¿por qué revivir lo que ya pasó? ¿De qué sirve mirar atrás, cuando el mundo ahora es tan distinto, de cómo era antes?

Todo pueblo tiene una historia, toda familia, persona, nación o empresa tiene un pasado. Lo que sucedió antes nos lleva a ser quienes somos hoy. Somos el resultado de un sinfín de situaciones que dieron lugar a otras situaciones, a experiencias, accidentes, errores y logros. No seriamos nada sin todo el camino andado, sin un evento anterior que dio pie a nuestra actual condición y a la madurez de ahora.

Enteros en el presente

Hacer las paces con el pasado es indispensable para poder estar enteros en el momento presente.
Todos vivimos cargando un bulto, un peso, un lastre. Algo que nos ata y nos tiene atorados a eventos de dolor del pasado. Como individuos, como familias, como naciones, como humanidad entera.
Y en este bulto traemos nuestra culpa, nuestra vergüenza, los juicios de los demás, el recuerdo de lo que no conseguimos alcanzar, de nuestros fracasos y derrotas.

Quisiéramos vivir como el avestruz, escondiendo la cabeza bajo tierra y creyendo que nadie nos ve. Pero si nos preciamos de ser maduros, de ser adultos, nos toca ver cuáles son nuestras heridas para poder sanarlas.

En Desprogramación Biológica, terapia de liberación emocional, vamos siempre al pasado. Vamos a la infancia a liberar la carga de dolor que generamos con mamá y papá, vamos al vientre de mamá a liberar las improntas que mantienen vivo ese sentimiento rechazo y ese vacío de tristeza que siempre nos ha acompañado.
Pero sobretodo, exploramos el árbol familiar con mucha atención y sigilo para encontrar aquello que nos aparta de estar viviendo la vida con todo nuestro potencial, plenamente.

Gracias al trabajo de psicólogos y médicos como R. G. Hamer, A. Shutzenberger, Françoise Dolto o Alejandro Jodorowski, entre muchos otros, hoy tenemos unas poderosas herramientas para liberar el pasado y poder vivir el presente desde una mayor presencia.

Estas herramientas nos permiten acceder al inconsciente, que es como una gran bodega, una gran biblioteca dónde se guarda toda esta información. Técnicas y dinámicas como la hipnosis Ericksoniana, la sofrología, el psicodrama, la psicología transgeneracional o las constelaciones familiares nos sirven para llegar a todas partes. Nos permite liberar el dolor que vivió tu abuela cuando con tres meses de vida fue regalada a otra familia.

Trabajar tu transgeneracional es construir tu libertad.
Es construir tu libertad en un sentido muy real. Porque vives condicionado por todas las creencias erradas de tus ancestros, anclado en los programas de dolor de tus abuelos: las muertes, los encarcelamientos, las vergüenzas, los exilios y ruinas.

El pasado no muere

Con el paso del tiempo, el dolor del pasado no se disolvió, no, ¡está aquí! empujándonos a ser reparadores de toda esa carga que seguimos trayendo con nosotros. Somos reparadores con todo lo que hacemos. En realidad, esta carga es lo que nos mueva a ser quienes somos y a hacer con pasión lo que hacemos. Porque si en tu familia hubo hambre, alguien reparará ese evento traumático con una tienda de abarrotes, si hubo ruinas, habrá algún banquero, si hubo falta de estructura familiar habrá algún arquitecto, si faltó reconocimiento habrá un político o un notario, etc.
Nuestras profesiones, las de todos, nos llevan a reparar algo que en el pasado generó dolor. No solo nuestras profesiones: nuestras enfermedades, nuestras parejas, nuestros hijos, aficiones, etc…también.

Y mientras no hagamos nada, las circunstancias dramáticas que se vivieron, ahora se repetirán, se van a ir sucediendo generación tras generación. Y tus hijos, sobrinos y nietos recibirán el legado de lo que tú no reparaste conscientemente, tendrán que pasar, de nuevo por esas situaciones de dolor.

El otro día en Chihuahua, una participante presento un caso: en su familia a varios primos les faltaba las falanges del dedo anular y del corazón. El bisabuelo el día que fue a pedir la mano de su mujer perdió esos dos dedos.

Trabajamos el caso con un psicodrama, poniendo a los bisabuelos en escena. Y una dramática historia apareció. Dos jóvenes amigos: F y G. F era el jefe de G, ambos jóvenes. G estaba enamorado de A, una dulce joven, pero los padres de F arreglaron el casamiento de F con A. F sabía que G amaba con locura a A. El día que F tiene que ir a pedir la mano de A se cortó los dedos de la mano derecha: el anular (dedo del compromiso) y el del corazón (dedo del sexo). ¿Significativo, no te parece? Ese dolor, escondido, resurge a través de las generaciones, expresándose con el corte de dedos de cuatro personas, en tres y cuatro generaciones más abajo.

Hoy por fin, F y G se han perdonado y la carga de dolor generada en este evento se ha liberado, toda la familia ha sanado.

Si quieres ser libre te toca volver al pasado, ver qué pasó. Tienes que explorar tu árbol, molestar a tus abuelos, papis y tíos. Que te cuenten, que te relaten. Tienes que conocer tu historia. Ver sus fotos. De dónde vienes, sus secretos, su dolor, su vergüenza, su desdicha, su desamor, su coraje, su rabia, su impotencia. Saber de las muertes, de las enfermedades que tuvieron. Ver eso te liberará. No es dulce, no, en absoluto. Pero si tienes el coraje de atravesar ese lago de hiel. Tu vida será tuya. Y eso, te lo prometo, es el regalo que vas a tener para ti: Eso, es el tesoro que te espera, al final.

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